A mi madre, 1863
¡Qué triste se ha vuelto el mundo!
¡Qué triste le encuentro yo!...
…
¡Ella ha muerto y yo estoy viva!
¡Ella ha muerto y vivo yo!
…
No está mi casa desierta,
no está desierta mi estancia...
Madre mía... madre mía,
¡ay!, la que yo tanto amaba,
que aunque no estás a mi lado
y aunque tu voz no me llama,
tu sombra sí, sí... tu sombra,
¡tu sombra siempre me aguarda!
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